jueves, 22 de mayo de 2014

Una historia disparatada y sin sentido

Existe un pueblo no muy lejos y no tan cerca en donde nada de lo que escuches es del todo cierto. Y que hace que este lugar sea tan peculiar? , bueno sucede que con cada generación que nace se escuchan cada vez mejores historias. Y tomé el caso del viejo  barbudo del quinto piso de mi edificio. Todas las mañanas escuchó a las 5 de la mañana un golpeteo en el piso de arriba y como sucede todos los días sin excepción me mata la curiosidad y subo haber que ocurre. Y siempre ocurre lo mismo. El hombre de ya unos 90 años casi sordo y de pantuflas me habré la puerta y me dice que eran las ratas. Entonces vuelvo a bajar y en ese momento el sale de incógnito por el pasillo y digamos que da una larga caminata. Ese mismo día me desperté con una cara de traste y con la panza que sobresalía por debajo de la camisa. Mi vestimenta para el trabajo , unos shorts a rayas y una camisa estilo floreada que mi jefe envidiaba, o al menos eso decía. Y bueno como les venia  diciendo aquel vejete del quinto piso no dejaba de molestarme porque sus pantuflas hacían un ruido insoportable cuando bajaba por las escaleras. Y bueno siguiendo con mi día me fui al trabajo en la scooter que tenia en el garage del tío Poncho. La ciudad era un atracadero pero nada evita que pase entre los autos sin ningún drama. En el edificio mas grande del pueblo tengo al  jefe mas feo que halla tenido pero con la esposa mona que todos quisieran tener. Llego al menudo lugar, subo las escaleras, me entregan una barra de chocolate y la lata de Coca Cola diaria y me siento en la silla con los pies en el escritorio mientras al otro lado del lugar pasan una película nueva de aquel tipo que aparece en todos los comerciales de cosméticos. Volví por la tarde ya cuando la señora Potriana salia para hacer su ronda nocturna con un bolso colgado del hombro y un garrote en el otro para quien se atreviera a asaltarla a ella o alguna de las casas del barrio. Por la noche me rasure la barba, me di un baño de espuma y las sales que venden en los comerciales y me senté en el sillón junto a la estufa donde me esperaba un maratón de CSI. 
  Luego de una larga noche a las 5 de la mañana me levanté y seguí al viejo. Se escabulló como siempre, abrió la puerta y se fue caminando como si fueran las 3 de la tarde. Continuó camino hacia el centro y se adentró en un callejón hasta que llegamos a la chocolateria de Fritz quien se había quejado en la comisaria incansables veces de que le faltaban cosas todos los días. El viejo se logró meter por el tubo de la ventilación y entro sin problemas asi que seguí sus pasos como Sherlock Holmes.

- Hey que estas haciendo ? - dije

Se quedó inmóvil en el lugar, luego se dio media vuelta y simuló ser un sonámbulo. 
Y para terminar esta historia les voy a decir que simplemente soy un perro que alucina de vez en cuando.