domingo, 14 de septiembre de 2014

Pueblo mistico

   Relámpagos y truenos realizaron estruendos esa noche del 29 de octubre en la que el mar atravesó con ferocidad y todo su poderío los limites en las costas españolas.
   Basta destrucción que acabó con el pueblo, acabó con mi vida. Años que dediqué por el bienestar, por dar amor para que otros aprendieran a darlo. Y así comenzó una nueva etapa, una nueva historia que tendría todo lo que alguna vez había soñado.
   Sean los dioses testigos de mi honor y fidelidad a mi dignidad. Jamás me rendiré, jamás caeré de rodillas y permaneceré en el suelo. Porque buenos hombres se han forjado desde el principio de los tiempos, preparados para tales desgracias. Y así, fue como partí esa mañana fría de otoño, un día que nunca había vivido. Temeroso de enajenar mi ser, me perdí entre las montañas ya llegada la noche.        Un viaje difícil me esperaba. Paso tras paso, sendero tras sendero hasta que mis propios pies sintieron lo duro de la vida. Crucé la cordillera como lo harían los monjes sabios del Himalaya, con fe y perseverancia. Seguí hasta el pueblo mas próximo siguiendo siempre el borde de las costas mediterráneas. Personas inhóspitas de idioma extraño y extravagante cultura me esperaban con asombro, como si hubiesen anticipado mi llegada.

   Casas pequeñas y rudimentarias de donde surgían lentamente personas de baja estatura y mascaras de provocarían temor en cualquier ser. Me indicaron una fuente adosada y con incrustaciones de mármol de blanca pureza para que me sentara.
   Solía leer en mi vida pasada, que lamentare eternamente haber perdido. Leeia sobre el mar, sobre clásicas historias de románticos de la época pero en ocasiones, sobre pueblos asombrosos del norte de África o las profundidades aun vírgenes del Amazonas. Pero confiando en mi memoria, no recordaba haber escuchada sobre tribus de esta clase. Parecían los pigmeos africanos, pero su estatura era mediana como la de cualquier chico ya en la adolescencia. No lograba encontrarle un significado a las mascaras enigmáticas pero lo que mas me asombraba, era la fuente. Una fuente que no se parecía a ninguna que hubiese visto antes. De piedra y mármol pulido de manera perfecta y que poseía un toque modernista nunca antes visto.
   Me observaba, todo el pueblo, yo esperaba lo mejor mientras intentaba descifrar el enigma. En un momento, surgió entre el silencio una voz suave, pero con determinación y firmeza. Un hombre anciano de rostro desnudo surgió de entre el grupo. Observó primero a toda persona en aquel lugar y después, siempre en silencio, me miró a los ojos. Se notaba la decadencia en su rostro centenario. Sus ojos, parecían un mar cristalino que reflejaba el alma y sentí como me atravesaban hasta los confines del corazón y la mente. El hombre se acercó y comenzó a hablar de manera lenta y pausada en mi idioma. Habló del milagro de haber encontrado el pueblo, de como muchos habían fracasado en el intento de cruzar las montañas a pie y sin rumbo. Era un anciano sabio y jefe de mítico de aquel lugar.
  Belleza pura poseía aquel lugar perdido entre caminos y cordilleras. El sol se posó en su auge y todo hombre y mujer salió tras las primeras luces del amanecer a dar una mano en lo posible.
  Voces casi nítidas me despertaron. Fingí que dormía, mientras una mujer se acercaba con algo pesado. En un momento sentí un estruendo y abrí los ojos, la bolsa de granos cayó en el suelo y una pobre niña sollozaba junto a ella. Cuando se percató de que la veía, comenzó a juntar cada grano con sus manos pequeñas . Le ayudé y cuando terminamos salió corriendo con toda la alegría de una pequeña que comienza a descubrir el mundo. Era triste, me hacia pensar en el tiempo ya transcurrido y en la falta de amor en mi vida.
   Un hombre pequeño y fuerte me buscó al poco tiempo cargando un par de cosas en su espalda. Salimos a la montaña sobre mulas de baja estatura observando los cultivos en la ladera tan verde como los bosques de Francisca. Seguimos un tiempo , preguntándome hacia donde me dirigía. Me inquietaba esta situación tan repentina. Era un hombre de hogar, acostumbrado a la comodidad y a la imaginación que me regalaban los libros. Pero al llegar la tarde, después de largas horas de viaje  y de  haber cruzado la base de los picos mas altos, llegamos al comienzo de un gran valle oculto donde una persona nos esperaba.
  El líder estaba allí, esperando a nuestra llegada con un silencio inhóspito. Descargamos las cosas poco a poco , el hombre permanecia en el mismo lugar y cuando caminamos hacia el, se dio vuelta y se adentró paso a paso en el valle. Mi acompañante me indicó que lo siguiera . El lugar se hacia mas y mas grande con cada metro y poco a poco me acercaba a la oscuridad profunda y siniestra. El lider encendió una antorcha y nos adentramos en las cavernas.
   Tenia cierta desconfianza en esta persona. Parecia una persona sincera y de buen pensar, pero la razón de haber venido aqui sin explicación me provocaba una gran incertidumbre.Tenia la sensación de que el camino escondido se hacia cada vez mas dificultoso y estrecho hasta tal punto, en que tuvimos que atravesar un pasadizo arrastrandonos contra la roca fria.
  Al poco tiempo, llegamos a un lugar sorpredente , poseia magia y y vida . El suelo estaba recubierto de un cesped verdoso junto a flores asombrosas y arboles frutales, era algo increible y inimaginable.

- Este es mi secreto, el secreto de todo lo que has visto -

Estuvimos un tiempo alli, observando el jardin oculto. Una mirada bastaria para descubrir el significado, pero me fue imposible en ese momento, en el que mi vida cambió para siempre.
  Pasó el tiempo. Observé mil cielos distintos en ese lugar soñado hasta que llegó el momento de mi partida tras la ultima luna llena. El pueblo me despidió como a una leyenda que partía hacia un futuro incierto pero el lider en persona, me acompañó hasta un camino oculto que me permitiria continuar el camino.  Pero antes de de permitirme seguir , me otorgó un pergamino y me hizo prometer que solo lo abriria al encontrar los primeros bosques de Cataleya y con un saludo de promesa y respeto, continué por el sendero bajo las ultimas estrellas de la noche.
   Divisé los grandes arboles durante el amanecer, entonces, sabia que era el momento indicado.
Abrí lentamente el papel doblado y comencé a leer el secreto que seria mi inspiración para un nuevo comienzo.